CUANDO DIOS LEVANTA UNA TORMENTA

Posted by Alex Díaz on Apr 12th 2019

Cada vez que hablamos del libro de Jonás, lo primero que viene a nuestra mente es el gran pez que tragó a Jonás, pero ese hecho solo es una parte del pequeño libro de este profeta, incluso Jesús mismo hizo mención de la señal de Jonás al estar dentro del vientre del pez durante tres días de la misma manera que Jesús estuvo en el sepulcro. (Mat. 12:38-41 RVA)

Leemos en el verso tres del capítulo uno de Jonás, que el profeta se levantó para huir de la presencia de Dios, cuando lo que se le había pedido era que se levantara para llevar el mensaje de arrepentimiento a Nínive, irónicamente en la mente de este hombre solo hay una cosa “huir de la presencia de Dios”; tenía un convencimiento fuera de lo normal, el deseo de escapar de Dios está dominándolo, tiene una meta clara, lograr desaparecer de la vista de Dios.

Seguramente muchos hemos llegado a la misma pregunta después de leer lo que Jonás pretendía hacer:

¿Cómo puedes escapar de la presencia de Dios?

¿Será posible que Dios pueda ser burlado por el deseo de un hombre que quiere escapar de él?

Creo que estas preguntas están contestadas, no es posible escapar de Dios, sin embargo muchos hemos buscado de una u otra forma sí escapar de él;antes de nuestra conversión tratamos de huir de Dios y sin temor a equivocarme en la vida de todo cristiano existen episodios en los que literalmente huimos de Dios pretendiendo lograrlo… pareciera como si cada uno de nosotros tuviera un poco de “Jonás”.

La narrativa del libro de este personaje, en su capítulo uno, verso tres nos muestra una intensidad en cada paso que Jonás da para alcanzar su objetivo: huye de la presencia de Dios, desciende a Jope, encuentra una nave que se dirige a Tarsis, paga su pasaje y se introduce en lo profundo de la nave, para no ser encontrado por Dios, sin duda que él tiene un plan trazado, este plan es una estrategia absurda generada en su mente y se convence en su corazón de lograrlo, todo esto con un sello: “una rebelión contra Dios y su voluntad”. Literalmente Jonás ha levantado tormentas en su mente que están conduciendo a su corazón lejos de Dios.

Lo cierto es que en algún momento de nuestra vida o en este presente, podemos encontrarnos haciendo lo mismo que Jonás hizo, “huir de Dios” esta acción produjo en el profeta una de las características de la actual sociedad que vemos bien identificada en el verso 1:3 del libro de Jonás: “Ansiedad” así que definamos que es ansiedad:

Ansiedad:

muchas veces hemos escuchado que la ansiedad es el padecimiento más común de nuestros días, actualmente existen más personas con enfermedades físicas crónicas que comenzaron por ansiedad en su diario vivir que solo padecimientos físicos; una definición acertada de la ansiedad dice que: es la condición que una persona experimenta al tener una intranquilidad, nerviosismo o preocupación excesiva e incontrolable por un evento pasado, presente o futuro y por motivo de sus relaciones personales.

Aunque esta definición nos arroja cierta noción de lo que es la ansiedad, debemos entender que la raíz de la ansiedad es la arrogancia, es refugiase en uno mismo y fracasar en nuestra oportunidad de confiar en Dios, es por eso que Pedro en su primer carta en el capítulo 5 versos 6 y 7 nos manda a humillarnos ante la poderosa mano de Dios y echar nuestra ansiedad sobre él, con la garantía de que Dios tiene cuidado de nosotros; es decir cada vez que recurrimos a la ansiedad estamos diciendo que no necesitamos el cuidado de Dios porque confiamos en nuestro propio plan de cuidarnos solos creyendo que esa es la mejor decisión para nuestra vida.

La arrogancia de Jonás lo llevó a desobedecer la voluntad de Dios, su ansiedad por huir de Dios lo arrojó a olvidar quién era Dios y lo que Dios había hecho en el pasado por medio de él, la fuerza de la intranquilidad y preocupación de Jonás es la misma que experimentamos cuando recurrimos a la ansiedad pues estamos dejando que nuestra Fe sea atacada, nuestra visión de la grandeza y poder de Dios son suplantados por especulaciones y pensamientos que niegan el amor y la ayuda de Dios para con nosotros, la ansiedad quiere carcomer nuestra Fe a tal grado que olvidemos que depender de Dios es la esencia de la vida cristiana.

Cada vez que dejamos que la ansiedad tome el control de nuestra mente y convenza nuestro corazón estamos creyendo una mentira, (yo debo gobernar mi vida) y huyendo de Dios, (yo puedo solucionar mi vida sin Dios); los riesgos son enormes, las consecuencias fatales, porque la ansiedad es un suplantador que nos empuja a huir de Dios.

La buena noticia es que Dios interviene en nuestra vida para su gloria y a nuestro favor, leemos en Jonás 1:4 (RVA) “Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.” La ansiedad levanta tormentas en nuestra mente y corazón que pretenden alejarnos de Dios, pero Dios hace levantar una tormenta en nuestra vida para atraernos hacia él.

¡Bendito sea Dios por la tormenta que levanta en nuestra vida! Sin duda que cuando Dios permite esa tormenta son tiempos difíciles, violentos diría yo, pero si no lo hace seremos arrastrados por las tormentas de ansiedad en nuestro corazón, lo que Dios hace es una muestra de la profundidad de su amor por nosotros y de su determinado plan para que no huyamos del él, esto me hace pensar en todo lo que Dios sabe de míy que yo niego, es decir, Dios sabe que yo soy capaz de abrazar la ansiedad y huir de él, entonces amorosamente pero con toda su fuerza se levanta y va por mí para que no me aleje de él.

Podemos concluir que la ansiedad es huir de Dios, y también podemos decir que humillarnos ante la poderosa mano de Dios es la manera de luchar para vencer la ansiedad en nosotros, Dios nunca dejará que huyamos de él porque su amor es tan fuerte como las tormentas del océano.

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