EL CUERPO DE CRISTO - RESEÑA

Posted by Karla de Fernández on Feb 11th 2020

Por Karla de Fernández

Reseña de "El Cuerpo de Cristo" escrito por Sugel Michelén

“Somos iglesia, somos familia”. Aunque para los cristianos esta frase es cierta, se ha vuelto una especie de “cliché” o frase linda para acompañar nuestras fotos en las redes sociales,saliendo del servicio dominical.

Es cierto, los creyentes somos la iglesia de Cristo y por medio de su sacrificio, también somos familia. Y si somos honestos, quizá no hemos entendido en su totalidad lo que implica ser parte de la iglesia de Cristo, y la responsabilidad que tenemos al ser miembros de una iglesia local.

Es común ver a tantos hermanos ir y venir de las iglesias sin comprometerse en una sola y sin dar fruto que ayude a otros a crecer espiritualmente.

“Es en el contexto de una membresía responsable, dentro de ese organismo estructurado [la iglesia], que los cristianos pueden crecer y desarrollarse espiritualmente para ser cada vez más semejantes a nuestro Señor Jesucristo” (p. 14)

De ahí la importancia de ser miembro de una iglesia local. Nos necesitamos como iglesia, como hermanos, no debemos vivir aislados.

El pastor Sugel Michelén nos lleva página a página de su libro “El cuerpo de Cristo” a conocer más acerca de la iglesia local, su función en la vida de cada congregante y la necesidad de ser miembro de una iglesia local. Tema que tristemente no se le ha dado la importancia debida en el contexto Latinoamericano.

“El cuerpo de Cristo” es un libro que se puede leer en poco tiempo porque su lenguaje es ameno, fluido y lleno de la Palabra de Dios por lo que se disfruta de inicio a fin.

La Biblia nos enseña que somos miembros del cuerpo de Cristo, un cuerpo que está vivo, que tiene funciones específicas para cada miembro y que es dirigido por la cabeza que es Cristo. Cada persona que ha nacido de nuevo tiene un llamado a ser parte de ese cuerpo.

Somos miembros del cuerpo de Cristo no como una imagen simbólica, sino en realidad. Nos necesitamos unos a otros para crecer, para desarrollarnos y cumplir la voluntad de Cristo siendo instrumentos de gracia en la vida de otros.

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. Y este mandamiento tenemos de Él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn. 4:20-21)

El autor nos muestra la importancia de ser y conocer las funciones que como iglesia tenemos, las responsabilidades, y por supuesto, la gran bendición y privilegio que es ser miembros de la iglesia por la que Cristo murió.

Página a página nos lleva a recapacitar en cuanto a qué estamos haciendo como iglesia siendo la ayuda idónea del segundo Adán, es decir, Cristo. Y a su vez nos hace reflexionar en el compromiso que tenemos siendo miembros del mismo cuerpo para cumplir el propósito que Dios ha especificado en su Palabra.

“Es por medio de la iglesia que el Espíritu de Dios engendra hijos espirituales a través de la proclamación del evangelio (1Cor. 4:15). Nosotros somos las manos, los pies y la boca de Cristo en el mundo. Aparte de su iglesia, Cristo no tiene otra ayuda idónea para llevar a cabo su obra”. (p. 29)

Qué gran regalo y qué privilegio tenemos al ser miembros de una iglesia local, un lugar donde podamos servir, desarrollar los dones, que en Su gracia, Dios nos ha dado para edificación de Su iglesia.

Debo reconocer y confesar con dolor en mi corazón, que las responsabilidades que tenemos como iglesia y que el pastor Sugel comparte a lo largo de su libro, no las había visto como una prioridad y esperaba que los pastores lo hicieran por mí.

“El cuerpo de Cristo” ha sido una bendición, una herramienta que sirvió para examinar mi corazón, para conocer más acerca de lo que me corresponde como miembro de la iglesia y entonces ir directo al trono de la gracia, en arrepentimiento, delante de Dios, por no cuidar, amar y servir a Su iglesia como Él pide en Su Palabra.

Quiero terminar con una frase en extenso del libro del pastor Sugel, porque en mí ha logrado su objetivo.

“Si tú eres creyente, yo quiero ayudarte a ver la iglesia como Dios la ve. Yo quiero convencerte de que es un enorme privilegio ser parte integral de una iglesia, y poder congregarte cada domingo con el grupo de redimidos salvados por gracia.

Debemos anhelar con todo nuestro corazón tener el privilegio de ser usados por Dios en la magnífica obra de hermosear a la esposa de Su Hijo, poniendo nuestros dones en operación, mientras otros nos ministran por medio de los dones que Dios le ha dado. Debemos esperar con expectación la llegada de las bodas del cordero. Cuando todos los creyentes de todas las épocas nos congregaremos en una sola asamblea para darle a Él, y solo a Él, toda la gloria, el honor y la adoración que solo a Él le corresponde”. (p. 145, 146)

Y que así sea, amén.

Karla de Fernández.

Esposa de Jorge Carlos, madre de Daniel, Santiago y Matías. Su pasión es compartir con otras mujeres la Palabra de Dios para atesorar la belleza del Evangelio. Karla es autora en LifeWay y Directora de las Iniciativas Femeninas en Soldados de Jesucristo.

Es escritora del libro “Hogar bajo su gracia” publicado en Junio del año 2019 con la Editorial LifeWay Mujeres. Lo puedes encontrar a través de LifeWay México aquí: HOGAR BAJO SU GRACIA

Puedes contactar a Karla en Twitter y en su página de Facebook @KarladeFernandez


Encuentra este título "El cuerpo de Cristo" aquí: https://lifeway.mx/el-cuerpo-de-cristo/

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