EL DÍA DESPUÉS DE LA CRUZ

Posted by Karla de Fernández on Apr 21st 2019

Leo la historia del día anterior a la crucifixión y del día en el que Cristo murió por nuestros pecados, y me inunda un sentimiento de tristeza y alegría que no entiendo mucho. Pero ¿qué pasó el día después de la cruz?

Un 8 de octubre murió mi padre, un mes después, mi madre. Y te confieso que hoy no he dejado de recordar el día después de su muerte y me pregunto ¿qué pasaría ese día del que no se da mucho detalle en la Biblia? El día después de la cruz.

Imagina a todos aquellos que estaban al pendiente de lo que hacía para culparlo, imagina a aquellos que se burlaron de Él por la declaración que habría hecho antes acerca de reedificar el templo.

Y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas,

Sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

De esta manera también los principales sacerdotes,

Escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:

A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel,

Descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere;

Porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.

Mateo 27:40-43

Al ver que no bajó de la cruz, Elías no vino como ellos pensaban y ninguno de sus apóstoles estuvo a su lado en ese momento, probablemente pensaron ¡era un impostor! y después de su muerte y todo el caos que hubo en la tierra y el templo, aquel Jesús seguía muerto…

José de Arimatea rescató el cuerpo, lo enterró en un sepulcro nuevo y corrió una roca en la entrada, María y Magdalena estaban ahí frente al sepulcro… ¿qué pasaría por su mente? Si has experimentado de cerca la muerte de alguien amado, entenderás un poco más ese dolor que sentimos al recordar la muerte de Jesús.

El día que murió mi padre lo recuerdo como si hubiese sido un sueño, recuerdo que tenía sentimientos encontrados, sentía un dolor inexplicable, pero me sentía feliz porque pensaba ¡él ya está con Jesús! Jesús le recibió en sus brazos ¡alabado sea su nombre! Pero el día siguiente fue dolor, fue como caer en cuenta que ya no estaría más, fue regresar a casa sabiendo que no volvería a escuchar su voz, que sus abrazos jamás los tendría de nueva cuenta, que sus ojos ya no me verían más y que su amor incondicional ya no estaría ahí para cuando necesitara un apapacho. El día después de la muerte hay un silencio que se siente en el alma.

El día siguiente a la cruz, ese día del que no se habla, el día que nuestro Señor Jesucristo estuvo muerto necesitamos recordar cuando Él dijo:

Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco,

y me veréis; porque yo voy al Padre.

Juan 16:16

Y pasó, no le vieron más. Ese día llegó, todos los que habían prometido estar con Él hasta el final y no estuvieron, despertaron (si acaso durmieron) el sábado con la certeza que había muerto, que todo eso que parecía ser una pesadilla en realidad había sucedido.

¿Habrán tenido culpas? ¿Se habrán arrepentido de no estar a su lado? ¿Algún remordimiento vendría a su vida? ¿Por qué no dije tal cosa? ¿Por qué no guardé silencio cuando Él hablaba? ¿Por qué no le creí cuando me exhortó? ¿Perdí el tiempo a su lado? ¿Por qué no huimos juntos? ¡Hubiera orado más! ¿Por qué lo dejé solo en su lecho de muerte? ¿Por qué? ¿Por qué?

Tal vez ese sábado fue un día en el que muchas preguntas flotaban en el aire, un sentimiento de soledad y miedo por no tenerle más inundaba en uno que otro discípulo. ¿Habrán olvidado que regresaría? Porque si lo vemos fríamente, después de ver sus milagros y prodigios podrían haber esperado que se levantara de los muertos inmediatamente para mostrar a todos que decía la verdad. ¿Y si no era quien decía ser? ¿Qué haré ahora? Un día sombrío, silencioso, un día de luto.

Pero quienes sí recordaban su promesa de resurrección, eran los romanos, tanto que mandaron poner un guardia a la entrada del sepulcro para constatar que seguía el cuerpo ahí, sin vida. (Mt. 27:62-67)

Tal vez hoy sea un día en el que te sientas así, entre la tristeza y la alegría; parte de un día silencioso, un día que está lleno de culpas y resentimientos, un día que es diferente a los días gloriosos con Jesús, un día después del que han muerto sueños, esperanzas y hasta la fe. Pero recuerda mujer:

Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco,

y me veréis; porque yo voy al Padre.

Juan 16:16

Todavía un poco, Él prometió regresar. La vida, muerte y resurrección de Jesús siempre trae esperanza, fe, y lo más glorioso, una vida nueva. Prepárate porque sin duda lo verás volver, porque llegará un día en el que habrá victoria en tu vida, un día de sumo gozo porque nuevamente le verás, un día que sabrás que todo lo que dijo se cumplió, gózate mujer porque ¡Él venció!

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana,

estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.

Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado.

Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.

Juan 20:19-20


Karla de Fernández

Esposa de Jorge Carlos, madre de Daniel, Santiago y Matías. Su pasión es compartir con otras mujeres la Palabra de Dios para atesorar la belleza del Evangelio. Karla es autora en LifeWay y Directora de las Iniciativas Femeninas en Soldados de Jesucristo.

Es escritora del libro “Hogar bajo su gracia” a publicarse en Julio del año 2019 con la Editorial LifeWay Mujeres. Lo podrás encontrar en LifeWay México. 

Puedes contactar a Karla en Twitter y en su página de Facebook @KarladeFernandez

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